Cuando el cuerpo habla
Estrés, ansiedad y enfermedad psicosomática
Adriana Soto
4/6/20263 min read


En la vida cotidiana, muchas personas experimentan síntomas físicos sin una causa médica clara: dolores persistentes, fatiga, problemas digestivos, insomnio o tensiones corporales. Con frecuencia, estos malestares están profundamente vinculados a estados de estrés, ansiedad o conflictos emocionales no elaborados.
Desde la psicología de la salud, comprendemos que el cuerpo y la mente no funcionan por separado. Cuando el malestar psíquico no encuentra una vía de expresión, puede manifestarse a través del cuerpo, dando lugar a lo que conocemos como síntomas o enfermedades psicosomáticas.
Estos procesos no aparecen de un día para otro. Suelen desarrollarse en contextos de exigencia sostenida, sobrecarga emocional, duelos no resueltos o dificultades para poner en palabras lo que se vive internamente.
Hoy en día hay más preocupación por llevar una vida más saludable físicamente, comer más sano, hacer deportes, etc. Sin embargo, aun cuando en apariencias “todo va bien”, desde la observación clínica, vemos cómo el cuerpo, muchas veces, termina expresando enfermedades catastróficas como cáncer, diabetes, etc., dando cuenta de aquello que no logró ser elaborado psíquicamente.
En este sentido, el cuerpo puede entenderse como un canal de comunicación que no se equivoca, aunque a veces no sepamos cómo interpretarlo. Sensaciones como la opresión en el pecho, la fatiga constante o el malestar digestivo pueden ser señales de un sistema que está sobrecargado. No se trata de que el cuerpo “falle”, sino de que está intentando adaptarse a una situación que, a nivel emocional, resulta difícil de sostener.
Muchas personas han aprendido a desconectarse de lo que sienten para poder seguir funcionando en su día a día. Esta desconexión, que en un primer momento puede resultar adaptativa, a largo plazo puede favorecer la aparición de síntomas físicos. El cuerpo, en estos casos, actúa como una vía alternativa de expresión, mostrando aquello que no ha podido ser reconocido o elaborado a nivel consciente.
Investigaciones como las de la científica Jane Plant, quien, tras atravesar un cáncer de mama metastásico, se atrevió a explorar el vínculo entre alimentación, factores de crecimiento y enfermedad. Su trabajo, junto con estudios epidemiológicos de la Organización Mundial de la Salud, refuerza una idea fundamental: la salud no depende de un solo factor, sino de una compleja interacción entre cuerpo, mente, historia y entorno.
Desde esta perspectiva, muchas enfermedades crónicas o catastróficas no aparecen de forma repentina, sino que suelen gestarse lentamente en el tiempo, en medio de estrés sostenido, duelos no elaborados, silencios prolongados y desajustes entre lo que se vive y lo que se puede decir.
Escuchar el cuerpo implica también desarrollar una mayor capacidad de conciencia emocional. Identificar qué sentimos, ponerle palabras y reconocer nuestras necesidades puede reducir la intensidad con la que el malestar se manifiesta físicamente. Este proceso no siempre es inmediato, pero constituye un paso fundamental hacia una relación más integrada con uno mismo.
Además, incorporar pequeños cambios en la vida cotidiana puede contribuir a esta reconexión. Espacios de pausa, momentos de reflexión, prácticas corporales o actividades que faciliten la expresión emocional pueden ayudar a regular el sistema nervioso y disminuir la sobrecarga acumulada. No se trata de eliminar el malestar de forma inmediata, sino de aprender a relacionarnos con él de un modo diferente.
El trabajo terapéutico permite escuchar, comprender y dar sentido a estas señales, favoreciendo una relación más consciente con el propio cuerpo y promoviendo la prevención de enfermedades más complejas.
Como psicoterapeutas, estamos capacitadas para acompañar a las personas en este proceso de escucha temprana: ayudar a reconocer y comprender las señales antes de que el cuerpo tenga que hablar a través de la enfermedad. Comprender el origen emocional del malestar físico es clave para prevenir y cuidar la salud integral.

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