Cuando el guion se ROMPE: Crisis vitales y la prisa por responder

Desde una perspectiva psicoanalítica, una crisis no es un fallo en el sistema ni una patología a corregir rápidamente: es la antesala de una pregunta que irrumpe y ya no se puede esquivar.

María Sol Laguzzi

8/30/20262 min read

"Cuando la imagen que construiste de vos mismo ya no alcanza para sostenerte, no estás fracasando: estás frente a la posibilidad de escuchar tu propio deseo. Las crisis no piden parches inmediatos; piden una pausa para transformar el desborde en una pregunta singular."

Desde una perspectiva psicoanalítica, una crisis no es necesariamente un fallo en el sistema ni una patología que deba corregirse rápidamente. Puede ser, en cambio, la antesala de una pregunta que irrumpe y que ya no resulta tan sencillo esquivar.

A diferencia de un acontecimiento traumático imprevisto, la crisis suele sobrevenir en transiciones clave de la vida: la juventud que exige independencia, los duelos, la mediana edad, los giros profesionales, las separaciones, los cambios en los vínculos o el inicio de la vejez. Toda encrucijada vital nos enfrenta, de algún modo, a una pérdida: algo del pasado —un rol, un ideal, una certeza, una determinada imagen de nosotros mismos— debe caer o transformarse para dar lugar a lo nuevo.

Las crisis nos exigen una producción de subjetividad: reconstruir sentido allí donde los viejos esquemas quedaron obsoletos. Los mandatos de la época pueden agravar estas transiciones al exigir respuestas estándar frente a malestares profundamente singulares. Frente a la parálisis, la incertidumbre o la inhibición, el entorno muchas veces apura a “resolver ya”: mediante fármacos sin escucha, autoayuda o decisiones intempestivas.

Sin embargo, no todo malestar necesita ser silenciado inmediatamente. Hay momentos en los que aquello que incomoda también puede estar señalando algo. Cuando el guion que construimos para responder a lo esperable pierde eficacia, irrumpe la angustia. Lejos de ser un síntoma por eliminar de inmediato, la angustia funciona como una brújula que avisa que algo en nuestra posición debe cambiar.

Afrontar una crisis vital implica, entonces, renunciar a la solución mágica. En este punto, un proceso terapéutico puede ofrecer la posibilidad de introducir una pausa para bordear aquello que resulta insoportable. No se trata de “arreglar” inmediatamente lo que se rompió ni de restituir la vida anterior, sino de disponer de un encuadre en donde el dolor, la contradicción no sea rechazado y sea escuchado.

Bordear significa poner límites a la angustia a través de la palabra, construyendo un entramado donde el quiebre deje progresivamente de ser solo una amenaza y pueda convertirse también en un terreno sobre el cual decir algo propio. Hablar no elimina mágicamente aquello que sucede, pero puede modificar la posición desde la que lo vivimos.

Una crisis supone, en este sentido, una apuesta: habitar el tiempo de comprender, para pasar del desamparo a la invención, transformando la ruptura en la oportunidad de reescribir la propia historia.

No siempre es sencillo realizar este recorrido. Cuando la angustia desborda, cuando una situación se repite o cuando sentimos que las respuestas que antes nos servían ya no alcanzan, acudir a terapia puede abrir un espacio para escuchar qué está ocurriendo y construir una respuesta propia. No se trata de que otra persona decida qué camino debemos tomar, sino de encontrar un lugar donde poder poner en palabras aquello que todavía no logramos comprender.

En Tempo Terapéutico contamos con un espacio donde puedes conocer a las psicólogas que forman parte de nuestro equipo, sus enfoques y áreas de trabajo. Si estás atravesando una crisis vital o simplemente sientes que necesitas un espacio de escucha, puedes consultar nuestro apartado de Profesionales y encontrar a la profesional con la que consideres que puedes iniciar ese recorrido.

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