El sindrome de Rebeca y el punto de vista del psicoanálisis

El Síndrome de Rebeca hoy en auge como patrón entre vínculos, describe como eje central a la permanencia de celos patológicos y retrospectivos hacia la expareja del compañero/a actual.

Gretel Esandi

7/26/20264 min read

El Síndrome de Rebeca hoy en auge como patrón entre vínculos, describe como eje central a la permanencia de celos patológicos y retrospectivos hacia la expareja del compañero/a actual. Se manifiesta en una necesidad recurrente de investigar el pasado, hacer comparaciones constantes con el "fantasma" del o la ex y un miedo profundo a no ser tan especial como lo fue esa persona. Unas de las características principales de quien padece es su continuo esfuerzo y empeño por indagar en relaciones anteriores en redes sociales, confeccionar preguntas perpetuas o incluso intentar cambiar la propia apariencia y forma de ser para asemejarse al "modelo" de la expareja, lo que refleja una estructura psíquica endeble a la baja autoestima, inseguridad profunda o miedo a nunca alcanzar el ideal. El nombre de este síndrome remite a la novela de Daphne du Maurier y a la famosa adaptación cinematográfica de Alfred Hitchcock (Rebeca, 1940), donde la nueva esposa de un viudo se obsesiona con el recuerdo idealizado de la esposa anterior.

La historia comienza con la protagonista, cuyo nombre nunca se revela en la ficción (conocida como la segunda señora de Winter), trabaja como dama de compañía en Montecarlo. Allí conoce a Maxim de Winter, un enigmático aristócrata viudo que le propone matrimonio de forma precipitada. Llena de ilusiones, la joven se traslada a Manderley, la impresionante y aislada finca familiar de su nuevo esposo en la costa de Cornualles, sin embargo, el cuento de hadas se desmorona rápidamente. La casa está dominada por la sombra omnipresente de Rebeca, la primera esposa de Maxim, quien murió trágicamente ahogada en el mar el año anterior. Todo en la mansión parece intacto gracias a la devoción enfermiza de la señora Danvers, la siniestra ama de llaves quien manipula psicológicamente a la nueva esposa, haciéndole creer que nunca podrá igualar la belleza, la elegancia y el carisma de la Rebeca original. A medida que la protagonista se hunde en los celos y la inseguridad, Maxim se vuelve cada vez más distante y taciturno.

Personajes principales:

La segunda señora de Winter: La narradora de la historia. Es una joven huérfana, tímida e insegura que lucha por encontrar su lugar y ganarse el afecto de su marido. Maxim de Winter: Un aristócrata adinerado de 42 años. Es el propietario de Manderley, un hombre atormentado por su pasado y su matrimonio anterior. Rebeca: La difunta primera esposa. Aunque nunca aparece viva en el relato, es el personaje central; todos la recuerdan como una mujer perfecta y fascinante. La señora Danvers: El ama de llaves de Manderley. Devota incondicional de Rebeca, que desprecia a la nueva esposa y hará todo lo posible por hacerle la vida imposible. Luego de haber abordado la sinopsis y de haber descripto los caracteres principales reflejados en una estructura psíquica frágil, el psicoanálisis nos ofrecerá otra mirada más profunda que el simple reduccionismo de “celos patológicos” proyectados en la nueva esposa como la llave expiatoria en toda escena.

Haciendo referencia al texto de S. Freud “Lo Siniestro” y al concepto de Lacan de objeto “a”, se puede concluir que todo aquello que debe estar velado, sepultado, oculto, duelado, resucita incesantemente como fantasma; este es el personaje de Rebeca que, aunque muerta sigue viva ocupando posiciones inamovibles convocadas por los interlocutores, excluyendo a la narradora como sustituta y colocándola en un lugar de competencia con la difunta. Se detalla como su esposo sigue atormentado con su matrimonio anterior, como el ama de llave la sostiene como un ideal irremplazable, ¿por qué consumar y relativizar a la narradora como responsable de conllevar un “síndrome” sin visualizar a los otros personajes como aquellos que revelan el fantasma?, ¿por qué no focalizar la mirada en que el duelo no ha tenido su proceso y ha quedado detenido como patológico?

La muerte y sexualidad como núcleo del inconsciente, se destaca como aquello que no tiene representación psíquica y es traumático por sí mismo que, a su vez, apela a la represión como defensa primordial de la neurosis. Toda defensa es fallida y es cuando la misma falla en que lo “siniestro” regresa en forma de fantasma revelado. Dicha aclaración se alinea con lo que propone el psicoanálisis sobre el concepto de que la neurosis es el “negativo de la perversión” (criterio explicado como el negativo de una foto sin revelar), ¿se puede pensar entonces que quienes develan el fantasma de Rebeca tienen una estructura perversa la cual se caracteriza por el miedo y no la culpa?

La narradora, expiatoria en sostener el síntoma, no solo sufre el duelo patológico detenido y el ideal de su esposo y ama de llaves, sino que su competencia remite a lo tanático en tanto se la compara y lidia con una muerta, ¿cómo “ganarle a un fantasma”? El daño provocado y aplicado psicológicamente a la protagonista, descubre a simple vista el acoso constante de la muerte y la sexualidad.

En la actualidad, este síndrome tan convocado y reducido al concepto de “celos patológicos” a un solo actor de la escena, proclive a desfocalizar la mirada al resto de los personajes, marca en realidad una aceleración social a no instalarse en el rigor del duelo y a evitar su proceso, el cual requiere de gran quantum de energía psíquica. Esto produce tomando al deseo “como agujero, como falta”, a que la sustitución del objeto no se produzca y quede sin movimiento vital; en la descripción primaria de la sinopsis cuando se relata que la nueva esposa se “obsesiona con el recuerdo”, se omite por defecto que el recuerdo es el producto y resultado del duelo.

La advertencia al profesional es poder discernir y delimitar que el Complejo de Edipo es el claro escenario de los vínculos primordiales en donde se juegan las posiciones intrafamiliares y sus roles codependientes, instalando psíquicamente la funcionalidad escénica en la exogamia. En tanto “sepultado” por el mecanismo de la represión y develado por el “fantasma perverso”, desde esta novela se recomienda analizar en la profundidad del inconsciente antes de diagnosticar un síndrome como punta de un iceberg.

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