¿Por qué me sigue pasando siempre lo mismo?
La repetición de patrones disfuncionales en nuestra vida
María Elena Custidiano Maidana
5/31/20265 min read


Muchas personas llegan a consulta con una sensación difícil de explicar, pero profundamente familiar: la impresión de estar viviendo una y otra vez la misma historia.
Cambian las circunstancias, cambian los lugares e incluso cambian las personas. Sin embargo, algo parece repetirse. Relaciones que terminan de manera similar, conflictos que aparecen una y otra vez, decisiones que conducen a resultados conocidos o situaciones que generan un sufrimiento que parece inevitable.
"Siempre termino con personas que no están disponibles emocionalmente."
"Una y otra vez me exijo más de lo que puedo dar."
"No entiendo por qué vuelvo a encontrarme en situaciones parecidas."
Estas preguntas suelen esconder una inquietud más profunda: ¿por qué repetimos aquello que nos hace sufrir?
Cuando la historia parece repetirse
La repetición de patrones disfuncionales no implica que una persona elija conscientemente aquello que le causa malestar. De hecho, muchas veces ocurre exactamente lo contrario: hacemos esfuerzos importantes para evitar determinadas situaciones y, aun así, terminamos encontrándonos nuevamente con ellas.
Esto sucede porque gran parte de nuestras formas de vincularnos, interpretar la realidad y reaccionar emocionalmente se construyen a lo largo de nuestra historia personal.
Desde la infancia vamos desarrollando maneras de comprender el mundo, de relacionarnos con los demás y de protegernos frente al dolor. Estas formas de funcionamiento pueden haber sido útiles en determinados momentos de nuestra vida, pero con el tiempo pueden convertirse en patrones rígidos que limitan nuestras posibilidades de actuar de una manera diferente.
La búsqueda inconsciente de lo conocido
Existe una tendencia humana a buscar aquello que resulta familiar, incluso cuando no nos hace bien.
Lo conocido suele generar una sensación de seguridad. Aunque produzca sufrimiento, resulta predecible. En cambio, lo nuevo implica incertidumbre.
Por este motivo, en ocasiones podemos encontrarnos reproduciendo dinámicas relacionales parecidas a las que vivimos en etapas tempranas de nuestra vida. No porque las deseemos conscientemente, sino porque forman parte de esquemas emocionales profundamente arraigados.
Una persona que creció sintiendo que debía esforzarse constantemente para obtener reconocimiento podría repetir esa misma lógica en sus relaciones de pareja, en su trabajo o incluso en sus amistades.
Otra persona que aprendió a priorizar las necesidades ajenas por encima de las propias podría encontrarse repetidamente en vínculos donde sus deseos quedan en segundo plano.
La compulsión a la repetición
El psicoanálisis desarrolló ampliamente este fenómeno. Sigmund Freud observó que las personas resignifican experiencias de su pasado, y las repiten de formas diversas en el presente.
A este fenómeno lo denominó "compulsión a la repetición".
La repetición no sería simplemente un error o una falta de aprendizaje. Desde esta perspectiva, puede entenderse como un intento inconsciente de elaborar experiencias que no pudieron ser completamente comprendidas o integradas emocionalmente.
Aquello que no encuentra palabras, comprensión o elaboración suficiente puede reaparecer bajo nuevas formas.
La repetición no busca necesariamente el sufrimiento. En muchos casos representa un intento inconsciente de encontrar una resolución diferente para conflictos que permanecen abiertos.
Algunos ejemplos frecuentes
Relaciones de pareja
Una persona puede encontrarse repetidamente con parejas emocionalmente distantes, críticas o poco disponibles.
Aunque cada relación sea diferente, existe un patrón común que genera una sensación de familiaridad. La pregunta importante no suele ser únicamente por qué aparecen determinadas personas, sino también qué aspectos propios participan en la elección y el mantenimiento de esos vínculos.
Autoexigencia
Muchas personas viven bajo una presión constante por rendir más, hacer más o ser mejores. Incluso cuando alcanzan objetivos importantes, rara vez experimentan satisfacción duradera. El esfuerzo nunca parece suficiente.
Detrás de este patrón suele existir una relación compleja con el reconocimiento, el valor personal o la necesidad de aprobación.
Dificultades para poner límites
Algunas personas se encuentran una y otra vez asumiendo responsabilidades que no les corresponden, ayudando más de lo que desean o sintiéndose culpables cuando intentan priorizar sus propias necesidades.
Aunque reconocen el problema, les resulta muy difícil actuar de otra manera.
Miedo al abandono
Otras personas viven con una preocupación constante por perder a quienes quieren. Esta inquietud puede generar conductas de control, dependencia emocional o dificultades para expresar necesidades auténticas dentro de los vínculos.
¿Por qué no basta con darse cuenta?
Una pregunta frecuente es: "Si ya sé lo que me pasa, ¿por qué sigo haciéndolo?"
La comprensión intelectual es un paso importante, pero no siempre es suficiente para producir cambios profundos.
Muchas de estas formas de funcionamiento se encuentran sostenidas por experiencias emocionales, creencias inconscientes y modos de relación construidos durante años.
Por eso, en ocasiones una persona puede identificar perfectamente un patrón y, aun así, sentirse incapaz de modificarlo.
El cambio requiere algo más que conocimiento. Implica poder explorar el significado de aquello que se repite, comprender qué función cumple en la propia historia y desarrollar nuevas formas de relacionarse con uno mismo y con los demás.
La terapia como espacio de transformación
Uno de los objetivos del proceso terapéutico consiste precisamente en trabajar en estos patrones repetitivos.
La terapia ofrece un espacio donde es posible observar con mayor claridad aquellas dinámicas que, por su carácter habitual, suelen pasar desapercibidas.
A través de la palabra, la reflexión y el trabajo conjunto entre terapeuta y paciente, pueden aparecer nuevas asociaciones en forma o no de preguntas. Por ejemplo:
¿Qué es lo que se repite?
¿Desde cuándo ocurre?
¿Qué emociones están involucradas?
¿Qué necesidades o temores se ponen en juego?
¿Qué función cumple este patrón en mi vida?
En el proceso psicoanalítico se trabaja poniendo en juego la repetición, el recuerdo y la reelaboración.
Construir algo nuevo
Transformar patrones disfuncionales no significa borrar la propia historia ni dejar de experimentar dificultades.
Significa desarrollar una mayor libertad frente a aquello que antes parecía inevitable.
Cuando comprendemos mejor nuestras formas de vincularnos, nuestros miedos, nuestras expectativas y nuestras repeticiones, se abre la posibilidad de construir caminos diferentes.
Quizá no podamos cambiar lo que vivimos en el pasado, pero sí podemos modificar la relación que mantenemos con esa historia.
Y, en ocasiones, ese cambio es suficiente para que aquello que parecía repetirse una y otra vez deje de ocupar el mismo lugar en nuestra vida.
Referencias
Freud, S. (1920). Más allá del principio del placer. Obras Completas. Amorrortu Editores.
Freud, S. (1914). Recordar, repetir y reelaborar. Obras Completas. Amorrortu Editores.
Bowlby, J. (1988). Una base segura: aplicaciones clínicas de una teoría del apego. Paidós.
Young, J. E., Klosko, J. S., & Weishaar, M. E. (2013). Terapia de esquemas: guía práctica (2.ª ed.). Desclée de Brouwer.
McWilliams, N. (2011). Psychoanalytic Diagnosis: Understanding Personality Structure in the Clinical Process (2nd ed.). Guilford Press.
Nota: Para realizar este artículo me he apoyado en herramientas de inteligencia artificial, pero su contenido y redacción, están totalmente supervisados por una profesional licenciada en psicología.

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